18 ene. 2011

Un largo camino por recorrer

"¿Me estarán tomando el pelo?" es lo que muchas veces me pregunto en el primer segundo que me enfrento a una obra de arte abstracto para, al segundo siguiente tratar de encontrar el significado a lo que el autor quiso expresar con esas formas y colores y tratar de imaginarme si me gustaría tener esa obra colgada en el cuarto de estar de mi casa, sin cansarme de ella, y como oportunidad de evocación.

Una vez me explicaron la evolución de las artes plásticas hasta la actualidad como un intento de plasmar la esencia de las cosas más allá la forma habitual con la que las percibimos, más allá del realismo y del virtuosismo con el pincel. Por ejemplo, de un árbol no interesaría plasmar tanto un bello árbol, sino los colores del árbol, sin formas, o la esencia de árbol, lo que un árbol nos proporciona...

Sin embargo, nunca me había parado pensar cómo podría resultar eso en literatura hasta que Eduardo Laporte, del náuGrafo digital, me hizo este comentario: en la escritura "siento que estamos todavía en el siglo XIX de la pintura, a veces con un realismos empobrecedor, limitado y parcial. La realidad es mucho más rica que una mera descripción objetiva de las cosas. Está teñida de mil humores y siempre nos quedamos cortos describiéndola".

Y me abrió un nuevo horizonte y me hizo caer en la cuenta de lo conservadores que son los escritores, en parte, pienso, porque el lenguaje es instrumento de comunicación delicado y alejarse en él del realismo puede acabar en desastre. No obstante, creo, que Eduardo Laporte consigue en su libro "Postales del náufrago digital" algo de eso y fue, precisamente, comentando ese libro como surgió esta conversación.




Añado, por eso, lo que le dije en su momento al autor: las postales digitales están llenas de "vida, realismo, sinceridad, humor, reflexión, literatura, empuje y personalidad", acompañadas de "peculiares expresiones y palabras, con giros que parecen sorprendentes, pero que no lo son porque describen realidades con las que una se identifica, pero que hasta ese momento no las acababa de perfilar o definir totalmente".

"Consigues unas combinaciones de palabras y de sus significados que son como los colores que obtiene el pintor en la paleta, que tiene que mezclar para atinar con el color real, con el que ven nuestros ojos, más allá de los colores básicos que hay en toda caja de pinturas, o que si no son reales hacen la realidad más realidad, mostrando el color no del ojo físico, sino del ojo del alma".

1 comentario:

el náuGrafo dijo...

Gracias, Ela, por el comentario. Años más tarde, me acuerdo de que me harías esta (generosa) mención.

un abrazo